Eran las 12 o más de la mañana. Una noche tranquila, entre títeres, teatro, música y risas espontáneas. Una laptop, millones de vídeos por ver, siempre con críticas interesantes por parte de los dos. Era un buen rato que se sabía, acabaría tarde o temprano. 'A quién engaño', se dijo en un susurro inaudible desde el sofá. Ella servía el helado que le había prometido al llegar, no importaba que estuviera un poco mal de la garganta, era cuestión de hacer más y más tiempo para poder conversar más y más con ella. Buenos tiempos, buenos ellos.
Al salir, ese aire nostálgico envuelto en una mirada, un silencio. Adivinó su mirada en algunas de esas ventanas, con luz detrás. Ella preguntó qué sucedía, riéndose de su sonrisa casual. '¿Qué no pasaba?' se dijo para sus adentros. Pero algo es cierto, ya no tengo 20, y cada día es una nueva aventura. Su Caribe se asomaba en un recuerdo de noche entre bailes y oscuridad. Sí, ya no tengo 20 y varias personas también existen, no solo yo. El buen humor no se le bajó, había coleccionado un buen rato, bonito la verdad. Y aunque se acordó de ella saliendo con otro, al menos había creído por un segundo que la noche sería gentil esta vez y le dejaría dormir, entre buenos libros y sin pastillas.
viernes, 25 de octubre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
Todo
"¿Para qué escribes? Si a nadie le importa lo que haces con unas cuantas letras"
No lo sé, solo tengo la esperanza que esas alucinaciones (que por cierto se han ido incrementando con el pasar del tiempo) tengan algún sentido al final del camino. Tengo la esperanza de que esa persona a la que escribo lo lea y entienda todo esto, que mal que bien, me sucede a diario. Yo no soy bueno en gramática, y el vocabulario muchas veces me resulta insuficiente hasta en casos cotidianos. A veces escribo con un grito ahogado en la garganta, de esos que solo los escucho yo. Vivir en calma nunca ha sido lo mio, y lamentablemente puede ser algo heroico como destructivo. ¿Para qué caminar mirando a las estrellas si nunca vendrán a ti? Esa es la misma pregunta que te haría cuando me cuestionas esto de escribir. No llegaré a ser grande, lo reconozco, pero al menos podré decir que aprecié el mundo desde otra perspectiva y que estas letras entremezcladas dieron un sentido, aunque sea vano, de lo que viví. Odio mi fragilidad, odio ser tan voluble ante las personas que considero cercanas (y las que consideré también), odio mis decisiones apresuradas y egoístas. Odio, odio todo eso, pero con esto nací, y al igual que escribir, debe haber una manera bizarra de sacarle provecho a toda la basura da vueltas en mi cabeza y no hace más que aniquilar lo poco de prudencia que me queda. Por eso, si me vuelves a preguntar, no te responderé con la soberbia de quien se cree artista o famoso, solo te diré que es una de las pocas formas que he descubierto para poder aligerar la carga de vivir.
Vivir es difícil, pero al menos así esta agonía tendrá un sentido en medio del caos.
jueves, 17 de octubre de 2013
Esa Luna
Acá el tiempo pasa lento. En un cuarto, con 6 guitarras diferentes, ensambles al lado y una orquesta sinfónica a 20 metros de estas cuatro paredes. Quisiera contarle a alguien todo lo que veo, y que me devuelva, en un gesto de caricia, palabras delicadas que arrullen toda esta carrera. El tiempo sigue pasando lento, sigue. Un piano suena a lo lejos, lo acompaña una voz suave. Recuerdo entonces, esas tardes de sofá, con películas y comida de por medio. ¿Les comenté que mi única guitarra que no me acompaña tiene su nombre preferido? Es un recordatorio que las cosas pasan volando, que las cosas se tienen que liberar, que se tienen que soportar, pero también quedan dentro de uno.
Otra vez, la noche se asoma con su guiño de atrevimiento. Yo sigo acá, pretendiendo que con más guitarras me escucharás en algún lado, estés donde estés. Porque una vez me dijeron que la música nunca se calla, siempre está ahí, se escabulle entre silencios y te sorprende de golpe.
¿Te toco un buen blues? No será algo que todos escuchen, y prometo que le impregnaré toda esa esencia desgastada que aún corroe mi piel,
martes, 15 de octubre de 2013
Ficción y fugas
Hoy día te vi
Estabas vestida para ir al trabajo, bueno, regresar luego de una jornada seguramente agotadora. Siempre supiste mezclar bien tu ropa.
Eran, qué, ¿las 10 de la noche? y estabas con tu mejor amiga hablando de sabe Dios qué. Yo pasé solo mirando al frente, fue un impulso que apenas controlé. Tenía miedo.
El paradero estaba sombrío, y debí intuir mejor la situación. Es curioso como cambia el tiempo. Pensé "esta puede ser una situación para que me saludes por mi cumpleaños", pues cuando soplé las dichosas velitas (imaginarias por cierto) no estabas ni cerca, ni el celular timbró (por ninguna llamada ña verdad).
¿Qué le voy a hacer? Cómo me dije unos días antes, solo paso el rato en estos lares, y esa es mi manera de ahora vivir.
O al menos es creí.
Estabas vestida para ir al trabajo, bueno, regresar luego de una jornada seguramente agotadora. Siempre supiste mezclar bien tu ropa.
Eran, qué, ¿las 10 de la noche? y estabas con tu mejor amiga hablando de sabe Dios qué. Yo pasé solo mirando al frente, fue un impulso que apenas controlé. Tenía miedo.
El paradero estaba sombrío, y debí intuir mejor la situación. Es curioso como cambia el tiempo. Pensé "esta puede ser una situación para que me saludes por mi cumpleaños", pues cuando soplé las dichosas velitas (imaginarias por cierto) no estabas ni cerca, ni el celular timbró (por ninguna llamada ña verdad).
¿Qué le voy a hacer? Cómo me dije unos días antes, solo paso el rato en estos lares, y esa es mi manera de ahora vivir.
O al menos es creí.
sábado, 5 de octubre de 2013
Permiso
Extraño los milagros que me contaba
cómo los contaba
lo que me contaba
Sus labios, suaves en palabras
exactos en cariño
A veces paro en la acera
y con un silencio culpable
vuelvo a mirar atrás
como si otro milagro sucediera
El mundo que creaste
sigue acá
escondido
en una bola de cristal
cómo los contaba
lo que me contaba
Sus labios, suaves en palabras
exactos en cariño
A veces paro en la acera
y con un silencio culpable
vuelvo a mirar atrás
como si otro milagro sucediera
El mundo que creaste
sigue acá
escondido
en una bola de cristal
jueves, 26 de septiembre de 2013
Jaqueca
Dedicar canciones a personas que ya no están. La distancia, mientras más corta, más asfixiante. Como deseos reprimidos, estos sonidos entran por mis oídos pero se olvidan en alguna parte de mi conciencia. Porque cuando estoy tenso, no escucho bien y pierdo el ritmo. Soy músico, pero no superhombre. Soy artista, pero tantos colores me dejan confundido y no sé por donde pintar.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
¿Dónde?
"En estos días (digo esto como si hablara mientras me desnudo) los días han pasado de luz a noche, y viceversa, en cuestión de segundo, momentos, instantes. Uno se cansa a veces de estar en multitud, pero es un engaño sin sentido creer que podemos prescindir de lo social, o al menos ese es mi punto. La conciencia es débil, si no se ve reforzada, y en los gritos de cordura que a veces uno experimenta, la reacción animal, autodestructiva, triunfará eventualmente."
El loco seguía desquiciado, me decían los psiquiatra, que ya no hay solución, que hay que dejarlo morir. O tal vez fueran las voces de mis mentes que emanan cuando me hablan. O tal vez estoy solo y creo estar acompañado. Hay veces que me he echado en mi cama cierro los ojos deseando morir, en el fondo quiero llorar, pero no puedo, en el fondo quiero un arma con plomo, pero no tengo.
Querida, ¿donde estás?
Todos los caminos llevan a Roma
pero ¿a donde me dirigen a mi?
Y los minutos pasan, la noche eterna no cierra mi desesperación. El asfalto visto desde la altura se ve cómo un amigo esperando un abrazo.
viernes, 16 de agosto de 2013
Despilfarro
Diego no le gustaba tener visitas, de hecho siempre eran
desastrosas para la casa. Aunque eran necesarias, debía admitir. El tiempo que
practicaba violín a veces era sofocante incluso a sus 18 años. Si no estaba
practicando, leía, pero la mayor parte del tiempo a solas. Incluso durante sus
clases de colegio, preparándose para la universidad, la soledad se asomaba
rutinariamente. Era hora de cambiar, se dijo, una vez que deje de practicar no
va a pasar nada con las cuerdas
Invitó a Montoya y al ogro, personas con quienes compartía
gustos musicales, pero nada más. Era la oportunidad perfecta. No los conocía
bien así que era una oportunidad de oro para él y despojarse de su vida diaria.
No resultaron ser, pues, los invitados más educados. La
ensalada que les invitó resultó volar por los aires, juntos con los tomates desparramados
que hacían del comedor una graciosa escena de crimen. Empezaron a jugar con el violín,
haciéndolo chillar a más no poder. Él, con su escuálido cuerpo no los podía
parar. Corrió al ropero a refugiarse mientras ellos lo desquiciaban con sus
gritos..
A Diego nunca le gustó la gente, ni las visitas, ahora ve
por qué.
Crecer no es dolor
Rafael estaba molesto. Por lo general los regresos del trabajo resultaban tranquilos y sin mayores apuros. Pero esta vez fue la excepción, una paloma había manchado el parabrisas de su auto, y se había secado. Él, en su apuro de jugar con Diego, quiso limpiarlo con la mano. Un éxito, solo que rayó la la luna frontal sin remedio, provocando la ira momentánea de él, obligándolo a tener que agregar otro egreso de su presupuesto familiar, todo gracias a los excrementos de la ave de ciudad.
Llegó a casa, más molesto aún, seguro Diego estaría haciendo algún berrinche porque no encontraba algún juguete. El trabajo también había sido un incordio y solo quería descansar. Llegó a casa:
- ¡Papá! ¡Papá! Se me cayó el diente de leche… ¿Me dará un sol el ratón Pérez?
Rafael, asombrado, vio dicho diente sobre la alfombra. Sonrió de ver a su hijo crecer. Tal vez, después de todo, vale la pena sonreír con él.
Llegó a casa, más molesto aún, seguro Diego estaría haciendo algún berrinche porque no encontraba algún juguete. El trabajo también había sido un incordio y solo quería descansar. Llegó a casa:
- ¡Papá! ¡Papá! Se me cayó el diente de leche… ¿Me dará un sol el ratón Pérez?
Rafael, asombrado, vio dicho diente sobre la alfombra. Sonrió de ver a su hijo crecer. Tal vez, después de todo, vale la pena sonreír con él.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Desodorante, tijera, celular
Esta mañana se olvidó de ponerse desodorante, lo noté apenas cruzó el umbral de la puerta. ‘Vaya qué apesta’, cruzó un pensamiento por mi cabeza. Era una mañana cálida de verano, de esas que son traicioneras para las axilas. Era la primera vez que venía tan desarreglado a una clase, sus alumnos se sorprendieron de sus fachas. Ya no andaba con su celular, o mejor dicho, smartphone pegado a la palma de su mano derecha y los pelos de su pecho no se mostraban fuera de la camisa (vaya que dan ganas de cortarlos con tijera). Terminó la clase y lo anunció. Partía del país, era su último día como profesor.
Nadie sabe por qué se fue. Ni qué motivos tenía para dejarnos. A veces creo verlo en el umbral cruzando con la elegancia de siempre, un buen perfume y su cabeza llena de gel. A quién engaño, soy hombre y me enamoré de él.
jueves, 8 de agosto de 2013
Audífonos, chocolate, libro.
A Lisa el juego pierde sentido cuando se sienta a solas en su cuarto. Prefiere escuchar su música favorita con sus audífonos recién comprados: Coltrane, Morrisey, Monsieur Periné por poner unos ejemplos. Vive en una familia de músicos, así que su repertorio se puede decir que es variado.
A veces baila con un chocolate y empieza su danza a solas en su cuarto, olvidándose que el libro que le mandaron a leer en el colegio la está mirando con su contratapa. Lamentablemente no siempre será así. Sus padres quieren que siga el legado familiar y toque el violín como ellos. Ella no quiere quedarse parada, el cuerpo está hecho para moverse.
Con su chocolate en mano, unos audífonos que le tapan las orejas y el libro de espectador, intenta hacer un recital inolvidable, aunque en el fondo sabe que no durará mucho y sus padres, tarde o temprano, entrarán a la fuerza intentando hacerle 'jugar' con el violín, sentada a solas en su cuarto.
A veces baila con un chocolate y empieza su danza a solas en su cuarto, olvidándose que el libro que le mandaron a leer en el colegio la está mirando con su contratapa. Lamentablemente no siempre será así. Sus padres quieren que siga el legado familiar y toque el violín como ellos. Ella no quiere quedarse parada, el cuerpo está hecho para moverse.
Con su chocolate en mano, unos audífonos que le tapan las orejas y el libro de espectador, intenta hacer un recital inolvidable, aunque en el fondo sabe que no durará mucho y sus padres, tarde o temprano, entrarán a la fuerza intentando hacerle 'jugar' con el violín, sentada a solas en su cuarto.
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