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miércoles, 24 de febrero de 2021

La vela y sus miedos cobardes

Les voy a contar una anécdota que se mezcla en la ficción que es mi recuerdo. Antes tuve una banda que fracasó, como los proyectos que no están hechos para ser. Errores que se repiten si mantienes los mismos pasos

Entre salchipapas y cervezas, algunos gallos y cigarrillos, muchos yo y el silencio de alguien que se quiere ir. Sabía el hartazgo que generaba, su huida hacia alguien que le diera más estabilidad fue obvia cuando lo veo en retrospectiva. Me recordaba también a todo lo malo que quiero dejar y aún sigo soltando. Para qué mentirnos, Nolberto, nunca fuimos amigos, solo nos equivocamos de tiempos y espacios, a veces hasta de nombre. 

Como sé que nadie leerá esto porque hay tanto que ver en Internet, la autenticidad del relato quedará en mi cuando lo escriba.

Las transformaciones que surgen en una persona son procesos inevitables como el florecer de una rosa o una cucarda. Por otro lado, algunas mutaciones han sido ocultadas hasta el día de su casamiento, al que no me invitó ni lo hará porque desapareció vínculo alguno. Me he preguntado qué maldad tendrá que amaestrar con las mentiras que le decía mientras se iba siendo dócil, infiel y doble cara, cuando estaba cerca esa persona que lo mantenía [feliz]. Como reaccionaría la otra parte de enterarse de las innumerables mentiras y falsas apariencias que tuvo que mantener hasta que no pueda más, el miedo le ganó, ese miedo que a finales de su adolescencia había prometido vencer, ese miedo de verse fracasado frente a la necesidad de vivir una rutina que odiaba pero el sexo aliviaba.

Y así, la historia continúa pero ya no quiero (d)escribir más

martes, 14 de enero de 2014

Olvido

La taza sigue esperando que la lleve a lavar. La guitarra de mi cabeza sigue siendo objeto de mis fantasías, practico, creo, repaso. La gente dejó de importarme, o al menos eso intento tragarme en medio de risas hipócritas y muecas de dolor asolapadas con una conversa cotidiana que no me importa ni un carajo. Son esos ratos donde el arte se salva y te dice que aún hay un camino.

Mirar el cielo soleado es ahora un pasatiempo de verano, en medio de las personas que miran las pantallas de sus smartphones que al parecer, a veces, les roba un poco de su inteligencia. Y yo acá, iluso, queriendo imitar a las palomas para huir, lejos, muy lejos.

viernes, 18 de octubre de 2013

Todo

"¿Para qué escribes? Si a nadie le importa lo que haces con unas cuantas letras"


No lo sé, solo tengo la esperanza que esas alucinaciones (que por cierto se han ido incrementando con el pasar del tiempo) tengan algún sentido al final del camino. Tengo la esperanza de que esa persona a la que escribo lo lea y entienda todo esto, que mal que bien, me sucede a diario. Yo no soy bueno en gramática, y el vocabulario muchas veces me resulta insuficiente hasta en casos cotidianos. A veces escribo con un grito ahogado en la garganta, de esos que solo los escucho yo. Vivir en calma nunca ha sido lo mio, y lamentablemente puede ser algo heroico como destructivo. ¿Para qué caminar mirando a las estrellas si nunca vendrán a ti? Esa es la misma pregunta que te haría cuando me cuestionas esto de escribir. No llegaré a ser grande, lo reconozco, pero al menos podré decir que aprecié el mundo desde otra perspectiva y que estas letras entremezcladas dieron un sentido, aunque sea vano, de lo que viví. Odio mi fragilidad, odio ser tan voluble ante las personas que considero cercanas (y las que consideré también), odio mis decisiones apresuradas y egoístas. Odio, odio todo eso, pero con esto nací, y al igual que escribir, debe haber una manera bizarra de sacarle provecho a toda la basura da vueltas en mi cabeza y no hace más que aniquilar lo poco de prudencia que me queda. Por eso, si me vuelves a preguntar, no te responderé con la soberbia de quien se cree artista o famoso, solo te diré que es una de las pocas formas que he descubierto para poder aligerar la carga de vivir.

Vivir es difícil, pero al menos así esta agonía tendrá un sentido en medio del caos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Miscelánea

Me gusta escribir con música, me ayuda a liberar las tensiones con más facilidad que cuando reina el silencio, por eso pongo de vez en cuando canciones después de cada texto. La música para mi es más que un simple conjunto de sonidos, tal vez muchos no lo sientan así. Creo que puedo explotar más las redondas de mi mente gracias a los pentagramas ordenados de un sistema que, para serles sincero, a veces se pasa de exquisito y elegante, llegando a aburrir al más dotado.