Vino mi tio, después de tiempo. A él le tuve miedo, esa parálisis discreta cuando se siente cerca. Llegó, comió, y se fue sin despedirse pero con su esencia rondando por la casa. Temblaba, el miedo se hacía más fuerte. Me duele a veces el solo rememorarlo. Un cúmulo incalculable de dudas y terrores me encarcelan. Tengo que liberarme, y no sé cómo. Recuerdo una de las tantas frases que me dejó en su estadía:
Tienes esencia de artista, corazón desgarrado
Y en medio de esta pobreza, pienso, no sé por qué me aterra tanto esa idea.
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